Nuria Estebez – Piloto de avión
Entrevistas

Nuria Estebez – Piloto de avión

Ni bailarina, ni actriz, ni cantante ni ninguna de todas las profesiones “clásicas” con las que se supone que tiene que soñar una nena.Al comienzo del secundario Nuria Estebez sorprendía a sus padres con una vocación poco habitual: ella quería ser piloto de avión.Hija de un empleado y una maestra y criada en una familia “de campo”, nadie sabe arriesgar de dónde sacó la idea de volar.Con 28 años, es copiloto en vuelos de cabotaje y pasa veinte días cada mes recorriendo el cielo de la Argentina. 

¿Y tu vida personal?

Se complica, pero es lo que amo.Cuesta encontrar un hombre que entienda que no estás en tu casa, que no tenés horarios y que vivís en hoteles.Para un celoso, imposible.A mi ex novio le costó mucho, pero yo hago un esfuerzo porque mi vida parezca normal.Si tengo que volar, me voy a dormir temprano pero cuando tengo un domingo libre arreglo para ir a bailar como cualquier otra chica. 

¿Cómo organizás tu vida?

No puedo ir a un gimnasio y pretender siempre la misma clase de spinning o anotarme en un instituto de inglés.Pero busco profesores particulares y me la banco porque elijo esta vida. 

¿Cómo supiste que querías volar?

Siempre supe.De chica viajaba mucho y me encantaba.Al principio mis papás pensaban que era un capricho, pero casi por las dudas me llevaron a hacer el vuelo de bautismo.Quedé fascinada, les dije “No me bajo nunca más”.Entendieron que venía en serio, me ayudaron a buscar una escuela y, a los 17, me emanciparon para que pudiera empezar con las clases, que no me aceptaban siendo menor por los seguros de vida. 

¿Eras la única mujer?

La única.Todos mis compañeros eran varones y no estaban acostumbrados.Hay que tener en cuenta que hace diez años las mujeres volando en el país debíamos ser cinco, con suerte seis.Me costó mucho adaptarme a ese ambiente: nos juntábamos a almorzar y en la mesa sólo se hablaba de mujeres o de fútbol.Y algunos profesores me exigían más. 

¿Desconfiaban?

No sé, pero si yo tenía que cargar el combustible del avión, ellos re chequeaban.Había cierta subestimación.Pero lo superé.Y llegué a ser la instructora mujer más joven del país con 21 años: me presenté a concurso, di todos los exámenes y quedé por mi capacidad. 

¿Te preocupaba la salida laboral? 

Estuve a punto de dejar la carrera muchas veces.Me pasó que en una empresa me rechazaran por ser mujer, pero siempre hubo otras opciones.Hace tres años y medio que estoy en Austral: fui la segunda mujer y después entraron otras cuatro.Vamos ganando espacio y nos movemos con comodidad. 

Tus compañeros las aceptan, ¿y los pasajeros?

A veces hacen el chiste de que voy a chocar el avión y yo me lo tomo con mucho humor.Hubo una persona que se negó a volar conmigo.“Disculpe, pero con mujeres no vuelo porque no me da seguridad”, me dijo después de verme en la cabina.Yo me acerqué, me presenté, expliqué que no importaba el género a la hora de manejar, pero no hubo caso y prefirió bajar del avión.¿Sabés qué es lo peor? ¡La pasajera era mujer!. 

¿Te dolió?

Claro que no me gustó, pero no es algo en lo que piense demasiado.Yo tengo la cabina abierta y saludo a la gente que sube al avión.Hay gente que celebra que haya mujeres volando.Lo mejor es cuanto te das cuenta de que al pasajero le da lo mismo.