Ximena Santillán – Jugadora de Rugby
Entrevistas

Ximena Santillán – Jugadora de Rugby

Hay que hacer un esfuerzo para imaginar a Ximena Santillán en un scrum.Cómo se tensarán las facciones suaves de esta morocha bajita mientras se lanza por la pelota.Fue la primera capitana del seleccionado femenino de rugby y repite siempre el mismo consejo: no tenerle miedo al golpe.  

“Quiero jugar”.La primera vez que lo dijo en voz alta, le preguntaron si estaba loca.Y la segunda, y la tercera.Ximena cursaba el cuarto año del profesorado de Educación Física y aprendía como enseñar un deporte que –todos le repetían- no era para mujeres.Un problema de salud la obligó a retirarse, pero no piensa ir demasiado lejos: aún embarazada, busca maneras de seguir ligada a “Las Pumas”. 

¿Cómo convenciste a las primeras jugadoras?

En el profesorado a las mujeres no nos enseñan ni rugby ni fútbol, pero algunas estábamos aprendiendo igual para tener mayor salida laboral.Yo trabajaba en el Club Olivos alcanzando pelotas y no me importaba porque era una manera de acercarse al deporte.Cuando propuse jugar y empecé a invitar compañeras, se sumaron casi 20. 

Había mucho interés…

Se acercaron muchas, pero cuando empezamos a jugar fuerte quedamos cuatro o cinco.Empecé a contactarme con otras chicas que hacían rugby en distintas provincias y armamos un primer torneo en 1999, en Chaco.Llegamos muertas de calor y con camisetas prestadas por amigos varones.No teníamos ni botines, pero ganamos a pura velocidad.Creo que del miedo a que nos golpearan. 

¿Los varones las aceptaron?

Hubo de todo.Yo creo que para los jugadores fue más fácil, porque veían que lo hacíamos con seriedad y respeto.No fue fácil crear un seleccionado nacional y ellos nos apoyaron.Tal vez fue más difícil para las parejas: a muchas chicas sus novios les pidieron que dejaran.Y algunas les hicieron caso. 

¿El rugby complicó tu vida en pareja?

Lo vi en muchas compañeras, pero yo tuve suerte: mi marido me conoció cuando yo ya era jugadora y terminó siendo mi entrenador.Creo que fue una de las cosas que le gustó de mí.Jamás me pidió que me retirara. 

¿Por qué dejaste de jugar?

En el 2007 quedé embarazada de mi hija Morena.Yo pensaba seguir jugando después del parto, pero en las ecografías descubrieron que tenía un sólo riñón.Había estado ocho años jugando así y de pronto los médicos me sugirieron que paraba, que era demasiado el riesgo.Agradezco no haberlo sabido antes, o tal vez no me hubiese animado a jugar nunca.Fue duro: hoy todavía me muero por entrar cada vez que voy a ver un partido. 

¿Cómo manejás esa frustración?

Nunca dejé de ir a ver rugby, ni con la panza ni ahora, que estoy embarazada de nuevo.Soy manager de Ñandú, el equipo con el que comencé.Tuvimos que hacer un trabajo fuerte para que se acercaran chicas jóvenes y el deporte no se agotara en nuestra generación.Ahora acabo de recibirme de kinesióloga y no tengo dudas de que voy a trabajar ayudando a las chicas con lesiones que yo misma tuve. 

¿Cuesta conjugar el rugby y la feminidad?

Para nada, pero es cierto que vas contra la corriente constantemente.Si alguna vez me gritaron “marimacho”, ni me enteré y muchas veces me han halagado.Y más de una vez he llegado a un casamiento con un vestidito, peinado de peluquería y un ojo morado.Llega un momento en el que los golpes son casi un triunfo, te ves los raspones y los valorás: significa que te animaste a hacer algo que no todas podrían.